Respuesta a la pandemia, lecciones para el futuro y prioridades cambiantes

coronavirus

Ciudad del Vaticano, Casina Pío IV, 20 de marzo de 2020

Declaración conjunta de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales

En vista de la actual pandemia de COVID-19, las Academias Pontificias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales han decidido emitir el siguiente comunicado conjunto. Antes que nada, expresamos nuestro profundo agradecimiento al personal sanitario y los profesionales médicos, incluidos los virólogos y otros especialistas, por el encomiable trabajo que están realizando. El COVID-19 representa un desafío para la sociedad mundial, los sistemas de salud, la economía y, en particular, para las personas directa o indirectamente afectadas y sus familias. A lo largo de la historia de la humanidad, las pandemias siempre han sido acontecimientos trágicos y a menudo han causado más muertes que incluso las guerras. Hoy día, gracias a los avances en el conocimiento científico, podemos defendernos mejor ante las nuevas pandemias. La presente Declaración conjunta tiene como objetivo hacer foco en los aspectos científicos y en las medidas estratégicas de orden científico y sanitario dentro de un contexto social más amplio. A través de los siguientes cinco puntos, deseamos subrayar la necesidad de la implementación de acciones, las lecciones aprendidas para el corto y el largo plazo, y los cambios de prioridades a futuro:

1.     Fortalecer el sistema de alerta temprana y respuesta rápida:

1)     Es imperativo fortalecer el sistema de salud en todos los países. Esta pandemia de COVID-19 nos enseña sobre la necesidad de contar con un programa eficaz de alerta temprana y respuesta rápida. Anticiparse a la curva epidemiológica cobra vital importancia a la hora de hacer frente a este tipo de crisis globales. Por lo tanto, recomendamos enfáticamente que se adopten medidas inmediatas de salud pública en todos los países para poner freno a la continua propagación de este virus. Reconocemos la necesidad de realizar pruebas de COVID-19 a gran escala y de poner en cuarentena a las personas cuyas pruebas den positivo, junto con sus contactos más cercanos.

2)     Algunos meses antes de que azotara a escala mundial, hubo advertencias sobre este brote de COVID-19. En el futuro, será necesario responder con acciones más coordinadas, tanto en el plano político como sanitario, para preparar y proteger mejor a la población.

3)     Los gobiernos, los organismos públicos, las comunidades científicas y los medios de comunicación (incluidas las redes sociales) no lograron garantizar una comunicación responsable, transparente y oportuna, la cual es a todas luces crucial para poder proporcionar respuestas adecuadas. Deben apoyarse los planes de comunicaciones elaborados por las organizaciones internacionales como la OMS y UNICEF, y también por las academias de ciencias, para que la información que estas brindan, basada en la evidencia científica, se imponga por sobre la cacofonía de opiniones e hipótesis infundadas que circulan por todo el mundo.

4)     Se debe fomentar el empoderamiento de la sociedad civil, ya que la solución a las amenazas actuales requiere no solo de la cooperación mundial sino también de acciones específicas que solo las comunidades locales pueden llevar adelante de manera satisfactoria. Dado que las pandemias obligan a evitar el contacto cara a cara entre las personas, es necesario utilizar y desarrollar aún más la tecnología de las comunicaciones.

2.     Ampliar el apoyo de la ciencia y las acciones de la comunidad científica:

1)     El fortalecimiento de la investigación de base aumenta la capacidad de detectar, responder y, en última instancia, prevenir o al menos mitigar catástrofes tales como las pandemias. La ciencia necesita recibir mayor financiamiento a nivel nacional y transnacional, de manera que los científicos cuenten con los medios para descubrir los medicamentos y las vacunas correctas. Las compañías farmacéuticas tienen la responsabilidad clave de producir esos medicamentos a gran escala en la medida de lo posible.

2)     Al trabajar en los métodos de prevención y cura de las enfermedades, los científicos de todas las nacionalidades ya adoptan una perspectiva global. Esta actitud altruista debe ser más respaldada. Las asociaciones profesionales y las academias de ciencias deben verificar si pueden ser más útiles cooperando con organismos internacionales como la OMS y, en tal caso, determinar de qué manera pueden llevar a cabo esa cooperación.

3)     Un área importante de investigación tiene que ver con la comprensión de las causas primordiales y las formas de prevención de las enfermedades zoonóticas, es decir, las enfermedades infecciosas causadas por bacterias, virus o parásitos que se transmiten de los animales a las personas. Quizás sea necesario rediseñar los sistemas de producción animal relacionados con la alimentación de manera de reducir el riesgo de zoonosis. También es preciso conocer en mayor profundidad los fundamentos psicológicos del comportamiento humano en situaciones de estrés colectivo, con el fin de establecer estrategias de gobernanza adecuadas en tiempos de crisis.

3.     Proteger a las personas pobres y vulnerables:

1)     El COVID-19 es una amenaza común que actualmente azota a algunos países antes que a otros, pero que tarde o temprano nos afectará a todos. El personal sanitario que se encuentra al frente de la lucha contra la pandemia necesita todo el apoyo y la protección posibles. Las mujeres, quienes conforman la mayoría del personal sanitario y suelen correr un mayor riesgo, continúan sufriendo las mismas injusticias que se observan en otros ámbitos laborales. Esta situación debe terminar.

2)     Son preocupantes el egoísmo y la miopía puestos de manifiesto en la falta de coordinación de las respuestas por parte de cada país. Ha llegado el momento de demostrar que la “familia de naciones” (Pablo VI y Juan Pablo II) o la “familia de los pueblos” (Papa Francisco) son comunidades de valores con un origen común y un destino compartido.

3)     Para proteger a las personas pobres y vulnerables del contagio, es esencial implementar en cada país un amplio plan de acción en el campo de la salud pública. El COVID-19 también dejará secuelas en la economía mundial. A menos que se mitigue la alteración prevista en la producción y el suministro de alimentos, así como en numerosos otros sistemas, los pobres serán los que más afectados resultarán.

4)     Las pandemias representan una amenaza para los millones de refugiados, migrantes y desplazados por la fuerza. Hacemos un llamamiento a la comunidad mundial para que se intensifiquen las acciones tendientes a proteger a los más vulnerables.

5)     La obligación de concentrar todos los esfuerzos en contener la pandemia de COVID-19 puede traer aparejadas graves consecuencias para quienes sufren otras enfermedades. En la cotidianidad de la práctica sanitaria surgen, a nivel mundial, nacional y local, dilemas éticos complejos cuando se hace necesario suprimir la tradicional regla de atención por orden de llegada. Este es un problema general, pero durante una crisis merece especial consideración, así como un compromiso científico y ético.

4.     Determinar la interdependencia global y la ayuda transnacional y nacional:

1)    Las décadas de creciente interconexión han hecho que el mundo abriera las puertas a un masivo flujo transfronterizo de bienes, servicios, dinero, ideas y personas. En circunstancias normales, este tipo de avances impulsan el bienestar y la prosperidad de gran parte de la población mundial. En circunstancias anormales, sin embargo, salen a la luz la fragilidad y las consecuencias adversas de esta interconexión. La escala y el alcance del actual internacionalismo han generado, a nivel mundial, una interdependencia sin precedentes, que tornan el mundo más vulnerable y disfuncional durante las crisis. Por ejemplo, el brote del COVID-19 da lugar a exigencias de un mayor aislamiento nacional. Sin embargo, intentar protegerse recurriendo al aislacionismo sería errado y contraproducente. Una tendencia digna de respaldar sería la de demandar una mayor cooperación mundial. Las organizaciones transnacionales e internacionales necesitan encontrarse equipadas y apoyadas en función de ese propósito.

2)    Solo una gobernanza basada en evidencia científica sólida y valores fundamentales compartidos puede mitigar las consecuencias de este tipo de crisis. Si los gobiernos no dejan de priorizar sus intereses nacionalistas, es de esperar que la crisis sanitaria se agrave y que, en consecuencia, el mundo se sumerja en una honda recesión, con repercusiones profundas y trágicas, en especial para los países pobres.

3)     Las medidas para mitigar la rápida propagación del contagio a veces implican cercar y aislar los lugares afectados por los brotes. No obstante, las fronteras nacionales no deben convertirse en barreras que obstaculicen la ayuda entre las naciones. Es necesario compartir los recursos humanos, los equipos, las mejores prácticas, los tratamientos médicos y los suministros.

4)     Los problemas mundiales, como las pandemias, o las crisis menos visibles, como el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, exigen una respuesta de cooperación internacional. Debemos tener en cuenta la relación que hay entre la actividad humana, la ecología mundial y los medios de subsistencia. Una vez que el COVID-19 esté bajo control, no podemos volver a la rutina tradicional como si nada hubiera sucedido. Para hacer frente a los desafíos del Antropoceno, se impone una revisión exhaustiva de la visión del mundo y de los estilos de vida, además de una valoración económica de corto plazo. Si queremos sobrevivir, será necesario alcanzar una sociedad más responsable, más solidaria, más igualitaria, más compasiva y más justa.

5)     Insistimos en que las crisis mundiales exigen una acción colectiva. La prevención y la contención de las pandemias son un bien público global (Laudato Si'), cuya protección requiere de una mayor coordinación mundial y de un desacoplamiento temporal y adaptativo. En una época en la que asistimos a la caída del multilateralismo basado en reglas, la crisis del COVID-19 debería servir para fomentar el surgimiento de un nuevo –en el sentido de diferente – modelo de globalización que brinde una protección inclusiva.

5.     Reforzar la solidaridad y la compasión:

1)     Además de contar con un programa de políticas científicas, técnicas y sanitarias, no debemos olvidar la cohesión social. Las iglesias, así como todas las comunidades basadas en la fe y los valores, están llamadas a la acción.

2)     Una lección que este virus nos enseña es que no es posible disfrutar de la libertad sin responsabilidad ni solidaridad. Cuando la libertad está divorciada de la solidaridad, no se engendra más que un egoísmo destructivo. Nadie triunfa solo. La pandemia de COVID-19 es una oportunidad para tomar conciencia de la importancia que las buenas relaciones humanas tienen para nuestra vida.

3)     Por estos días, la paradoja es que caemos en la cuenta de la necesidad de cooperar con los demás justo cuando cada uno de nosotros debe aislarse socialmente por razones sanitarias. No obstante, se trata de una paradoja aparente, ya que quedarse en la casa constituye un acto de profunda solidaridad. Es “amar al prójimo como a uno mismo”. Otra lección que nos deja la pandemia es que la libertad y la igualdad no son más que palabras vacías sin solidaridad (Papa Francisco).

El elenco de los firmatarios se encuentra en el texto inglés.

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