2017

Salud de las Personas y Salud del Planeta: Nuestra Responsabilidad

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Workshop 2-4 de noviembre del 2017 - Durante los últimos tres años, la Pontificia Academia de las Ciencias (PAS) y la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales (PASS) han realizado una serie de encuentros relacionados con la degradación del medioambiente, el cambio climático, la extinción biológica y el desarrollo sostenible, y han informado al Santo Padre Papa Francisco sobre las conclusiones y resultados de estas reuniones. Estos encuentros suelen incluir como invitados a científicos, políticos, filósofos, y teólogos y, a veces, a líderes mundiales. En la reunión llevada a cabo en el 2015 conducida por la Pontificia Academia de las Ciencias en colaboración con las Naciones Unidas, se llegó a la siguiente conclusión:

“Este siglo está en camino a presenciar cambios ambientales sin precedentes. En particular, los cambios climáticos proyectados, o mejor dicho, las perturbaciones climáticas, junto con la extinción masiva de especies en curso y la destrucción de ecosistemas, dejarán indudablemente marcas indelebles en la humanidad y en la naturaleza. Ya para el año 2100 habrá una probabilidad poco despreciable de impactos climáticos irreversibles y catastróficos que pueden durar miles de años, planteando la cuestión existencial de si el concepto de civilización, tal como lo conocemos, puede extenderse más allá de este siglo. Sólo un cambio radical en nuestra actitud hacia la Creación y hacia nuestros semejantes, complementada por innovaciones tecnológicas transformadoras, podría revertir las tendencias peligrosas que ya se han puesto en movimiento sin habernos dado cuenta”.
Dasgupta, Ramanathan, Raven, Sánchez Sorondo, Arber, et al., 29 de abril, 2015

Si bien estas reuniones han sido exhaustivas, no han contemplado ni tenido en cuenta los efectos adversos de la contaminación atmosférica y del cambio climático sobre la salud pública. La dependencia de los combustibles fósiles y la quema de biomasa sólida son las principales, si no las fuentes dominantes, de la contaminación del aire y el cambio climático. Los estudios científicos relacionados con los efectos sobre la salud debido a la contaminación del aire datan desde 1950, y ahora hay una inmensa evidencia de cómo la contaminación del aire daña la salud. Sin embargo, estas consecuencias sobre la salud a causa del cambio climático, tanto directas como indirectas, no han recibido la suficiente atención hasta hace poco. Gracias a dos esfuerzos internacionales recientes, uno de la Organización Mundial de la Salud, y otro de la Comisión LANCET, los efectos climáticos están comenzando a recibir la atención que se merecen, y debido particularmente, a que ambos han concluido que:

“El cambio climático es la amenaza más grave para la salud en siglo XXI”.
Margaret Chan, Secretaria General de la OMS; Editorial en LANCET, 2015

Por eso, es momento de organizar una reunión más holística, en el Vaticano, que examine las interconexiones entre el uso de combustibles fósiles; la contaminación de la atmósfera y los océanos; el cambio climático; la salud pública; la salud de los ecosistemas; y la sostenibilidad. El foco central del encuentro será la salud de las personas y la salud de los ecosistemas, junto con la interdependencia entre los ecosistemas y las personas. Es probable que este enfoque sobre la salud de las personas bien lleve a líderes políticos y a gente a impulsar acciones más drásticas y a implementar políticas que limiten y disminuyan la contaminación del aire y el cambio climático a niveles por debajo de los peligrosos que ya se están alcanzando, para proteger los sistemas de soporte vital de la Tierra.

Alcance de la reunión:

La quema de carbón, petróleo, gas, y biomasa sólida para el acceso a la energía se ha convertido en una amenaza importante para la salud de la humanidad. También representa una amenaza importante para el ecosistema que sostiene toda la vida. El consumo insostenible de energía y recursos naturales afecta a la salud de muchas maneras:

            La contaminación atmosférica por la quema de fósiles y biomasa sólida contribuye a alrededor de 7 millones de muertes prematuras al año, principalmente por enfermedad isquémica del corazón, infarto, cáncer de pulmón, y enfermedad obstructiva crónica de las vías respiratorias en los adultos y enfermedad respiratoria aguda en los niños. Globalmente, el 88% de la población mundial respira aire que no cumple con los requisitos de la OMS sobre la calidad del aire. La contaminación atmosférica también destruye más de 100 millones de toneladas de cultivos cada año. Los daños a la salud humana y al medioambiente ya están costando trillones de dólares (USD) por año.

            El cambio climático causado por la quema de combustibles fósiles lleva a eventos extremos como olas de calor, sequías, incendios, tormentas severas, e inundaciones que, a su vez, tienen efectos importantes sobre la salud. Por ejemplo, un solo episodio de ola de calor, que ocurrió en Europa en 2003, cobró 70.000 vidas; 250.000 vidas extras se le atribuyen a las sequías y hambrunas en el cuerno del África durante el 2011-2012. La tormenta tropical Haiyan causó más de 7.800 muertes en Filipinas; las olas de calor en Pakistán y la India del 2015 mataron a, por lo menos, 4.000 personas. Si bien no podemos afirmar con exactitud que estos eventos extremos fueron causados por cambios climáticos antropogénicos, sabemos que la probabilidad de exposición a estos tipos de eventos extremos está aumentando significativamente debido al cambio climático. Estos eventos extremos afectan los determinantes sociales y ambientales de la salud –aire limpio, agua potable, alimentos suficientes y refugio seguro. El cambio climático también aumenta la propagación de vectores de enfermedades, la inseguridad alimentaria, la subnutrición, la salud mental, el desplazamiento y la migración. Los impactos proyectados sobre la salud para fines de siglo debido al cambio climático, junto con el crecimiento demográfico, sostienen que habrá (Comisión LANCET, 2015): 3.000 millones de eventos anuales de exposición al calor para las personas mayores; 1.400 millones de eventos adicionales de sequías; y 2.000 millones de eventos anuales adicionales de exposición a precipitaciones extremas.

            El cambio climático está ocurriendo, además, en un contexto junto a otros cambios ambientales de gran alcance, incluyendo al agotamiento del agua dulce, al cambio del uso de la tierra y la degradación del suelo. Nuestra supervivencia depende enteramente del mundo viviente (biodiversidad), que colectivamente conforman los ecosistemas en los que evolucionamos y hacen posible nuestra vida. Obtenemos toda nuestra comida de las plantas, sin embargo, sólo alrededor de 100 de las 460.000 especies estimadas aportan el 90% de lo que comemos –directa o indirectamente. Dos tercios de las personas en el mundo dependen de las plantas para su uso medicinal y, para el resto de nosotros, alrededor de un cuarto de nuestras medicinas provienen de plantas. Aproximadamente una quinta parte de todas las especies de organismos están ahora en peligro de extinción, pero con las tendencias actuales, la mitad de todas las especies podrían extinguirse durante lo que resta del presente siglo, o sea, durante los próximos 83 años. Se estima que hay alrededor de 12 millones de especies de organismos, a parte de las bacterias, pero hemos encontrado y nombrado a sólo 2 millones de ellas, y no sabemos casi nada sobre la gran mayoría de las que incluso hemos nombrado.

            La acidificación y desoxigenación de los océanos resultante de la combustión de combustibles fósiles y su consiguiente cambio climático tienen importantes consecuencias sobre los arrecifes de coral, la pesca y la acuicultura, que aportan nutrientes a unas 4.000 millones de personas. La acidez del océano ya ha aumentado un 30% debido al incremento del CO2 atmosférico; con emisiones no controladas de CO2, el aumento podría ser del 100% para el año 2100. Se está observando una pérdida de oxígeno en los océanos abiertos y costeros, llamada desoxigenación, debido, en gran parte, al calentamiento oceánico.

            Todos estos cambios ambientales contribuyen a la desigualdad global, ya que son los 3.000 millones más pobres –que siguen dependiendo de tecnologías del siglo XVIII para satisfacer necesidades básicas, como la cocina– quienes se ven más expuestos a la contaminación y al cambio climático. También son quienes se ven más afectados por el cambio climático, ya que no cuentan con sistemas adecuados de supervivencia, como la cobertura médica, seguros o ahorros para hacer frente a estos eventos catastróficos, como la pérdida de sus hogares debido a las inundaciones, o la pérdida de sus medios de vida debido a las sequías, incendios, etc. Sus habilidades para llevar a cabo trabajos físicos se verán, también, reducidas por el aumento en los golpes de calor. Las mujeres y niños son los más afectados. Se prevé que el cambio climático será el responsable de la desnutrición de 20 a 25 millones de niños. UNICEF ha advertido que el cambio climático representa la mayor amenaza para los niños y sus hijos. La reunión debe discutir la justicia social y las cuestiones éticas, tal como exhorta el Papa Francisco en su encíclica Laudato si':

“... hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres".

Estamos llamando a una reunión de líderes de pensamiento global en todas estas áreas, con énfasis en la salud humana, para considerar las últimas evidencias y hacer recomendaciones que serán presentadas directamente al Papa Francisco para un accionar futuro, al igual que a otros líderes mundiales. Debemos incluir a expertos que abarquen la salud pública, la contaminación atmosférica y marina, el cambio climático, la seguridad de los alimentos y el agua, la ecología, la extinción de especies, la energía renovable, y la política. Los dos primeros días se dedicarán a una evaluación detallada de la salud de las personas y del ecosistema. Documentaremos y diagnosticaremos los impactos sobre la salud que tienen la quema de combustibles fósiles y el cambio climático resultante. El último día de la reunión se dedicará a la búsqueda de soluciones, y terminará con una llamada a acción por parte de los responsables y líderes políticos.

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