2017

Declaración final

statementextinction2017

Extinción Biológica

Cómo salvar el mundo natural del que dependemos

Seminario PAS-PASS, Casina Pio IV, 27 de febrero-1 de marzo 2017

La extinción es para siempre: Cómo evitarla

Una semana de estudio fue convocada en la Casina Pio IV en el Vaticano del 27 de febrero al 1 de marzo de 2017 por la Pontificia Academia de las Ciencias y la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales para revisar lo que sabemos acerca de la extinción biológica, cuáles son sus causas, y los modos para limitar su extensión. Los participantes concluyeron, basándose en comparaciones con el registro fósil, que la tasa actual de pérdida de especies es de aproximadamente 1.000 veces la tasa histórica, tal vez con una cuarta parte de todas las especies en peligro de extinción ahora, y la mitad de éstas con riesgo de desaparecer hacia fines del siglo presente. Dado que dependemos de organismos vivos para el funcionamiento de nuestro planeta, para nuestros alimentos, para muchos de nuestros medicamentos y otros materiales, para la absorción de desechos, para el equilibrio de nuestro clima, y para gran parte de la belleza de la tierra, estas pérdidas causarán un daño incalculable en nuestras perspectivas comunes a no ser de controlarlas. Por otra parte, hemos descubierto y descrito menos de la quinta parte del número estimado de especies existentes, por lo cual estaríamos también echando a perder un enorme potencial desconocido y amenazando además las funciones básicas de nuestro planeta.

Previo al desarrollo de la agricultura hace 10.000 años atrás, los seres humanos vivían en grupos de pocas docenas de individuos para quienes la supervivencia era un desafío desde cualquier punto de vista. En ese momento, quizás había un millón de nosotros viviendo en el mundo entero. A medida que nuestro número crecía, sin embargo, comenzamos a formar las aldeas, pueblos y ciudades en las que se desarrolló nuestra civilización. Un tercio de la tierra se convirtió gradualmente en agricultura. Hace doscientos años, habíamos crecido a un billón de personas por primera vez, y luego a dos mil millones en 1930 hasta dispararnos a los 7.400 millones de hoy. Desde 1950, el PIB mundial se ha multiplicado por 15 veces, mientras que la población mundial se ha triplicado. Este aumento de cinco veces en el ingreso per cápita ha traído grandes beneficios a la condición humana contemporánea.

Aparte de amenazar a millones de especies con extinción, este enorme aumento en la actividad económica basada en el sólo beneficio económico y en el uso de combustibles fósiles está poniendo enormes tensiones sobre la capacidad de la tierra para desarrollarse en manera sostenible. Los signos más evidentes de este sufrimiento incluyen el cambio climático global y los daños concomitantes al sistema tierra, tales como la alteración del ciclo del agua, el aumento del nivel del mar, así como la acidificación de los océanos y la anoxia. Todos estos fenómenos causan directamente la extinción biológica.

La población humana de la tierra está marcada por una gran desigualdad económica. Así, el 19% más rico de la población mundial utiliza y consume más de la mitad de los recursos mundiales. El ingreso per cápita de las 1.400 millones de personas más ricas tiene un promedio de 41.000 dólares, en marcado contraste con las 1.000 millones de personas más pobres, en el África subsahariana, que tienen un ingreso promedio de 3.500 dólares. Los ricos son, por tanto, sustancialmente responsables del aumento del calentamiento global y, en consecuencia, de la disminución de la biodiversidad. Las personas más pobres, en cambio, que no disfrutan de los beneficios de los combustibles fósiles, son indirectamente responsables de la deforestación y de la destrucción de parte de la biodiversidad, porque sus acciones tienen lugar dentro de un sistema económico mundial dominado por las exigencias de los ricos, que ni siquiera pagan ninguna externalidad para conservar la biodiversidad global. En breve, los ricos devastan el hábitat global para su ganancia, mientras que los pobres destruyen el hábitat local para su supervivencia.

Así como las actividades humanas son responsables de estos efectos negativos, hoy necesitamos una acción humana positiva para el desarrollo sostenible de la biodiversidad en la tierra.

Una condición ineludible para lograr la sostenibilidad global es la redistribución de la riqueza, porque los altos niveles de consumo a nivel mundial, concentrados en pocas manos, tienen un impacto sobre la degradación de los sistemas terrestres y la destrucción de la biodiversidad. La erradicación de la pobreza extrema, que costaría alrededor de 175.000 millones de dólares, o sea menos del 1% del ingreso combinado de los países más ricos del mundo, es una de las principales vías para proteger nuestro medio ambiente mundial y ahorrar tanta biodiversidad cuanta sea posible para el futuro. Esto puede lograrse comenzando por las regiones pobres una por una. Por otra parte, el establecimiento de grandes reservas marinas protegidas es otro elemento importante en la preservación de la productividad biológica global. Para el logro de esto, debemos seguir los principios morales ecuménicos tan bien esbozados en la encíclica Laudato Si’, que inspiró nuestro encuentro.

La formación de sistemas agrícolas intensivos en regiones adecuadas, llevada a cabo adecuadamente mediante la rotación de la tierra, la incorporación del ganado y la reinversión de los beneficios en las economías regionales, es una parte importante de la estrategia de protección de la biodiversidad, ya que la productividad concentrada puede permitir el desarrollo sostenible de otras regiones, conservando así la biodiversidad, como ocurre en el Amazonas. En cuanto a los organismos genéticamente modificados (OMG), como señaló el Papa Francisco: “Es una cuestión ambiental de carácter complejo, por lo cual su tratamiento exige una mirada integral de todos sus aspectos, y esto requeriría al menos un mayor esfuerzo para financiar diversas líneas de investigación libre e interdisciplinaria que puedan aportar nueva luz”. También será importante reflexionar cuidadosamente sobre el mejor diseño posible para las ciudades del futuro, donde pronto habrá una gran mayoría de la población mundial, cuyas periferias deben gozar de los mismos beneficios de los centros urbanos.

Concluimos nuestro encuentro en el espíritu de las palabras elocuentes del Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si’, convencidos y comprometidos en buscar nuevas maneras de trabajar juntos para construir un mundo sostenible, estable y socialmente justo. La raza humana ha experimentado un colapso severo a nivel local en el pasado, pero ahora estamos amenazados a nivel global. Para resolver nuestro común dilema, debemos aprender a amarnos unos a otros, a colaborar y construir puentes en todo el mundo en un grado que no se había imaginado previamente.

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